Tucson, 23 de diciembre.— Para muchas familias inmigrantes en Estados Unidos, la Navidad de este año llega marcada por la ausencia, el miedo y el deseo de pasar desapercibidos ante los operativos migratorios intensificados por el Gobierno del presidente Donald Trump.
María Ramos, inmigrante mexicana residente en Tucson, vivirá las fiestas sin su esposo y su hijo mayor, detenidos por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) cuando salieron a trabajar en jardinería. “Sabíamos que en cualquier momento podía pasar, pero tenían que salir a trabajar para cubrir los gastos”, relató.
Ramos subrayó que ninguno de los dos tiene antecedentes penales. “No son criminales, nunca le han hecho daño a nadie, y ahora están en un centro de detención”, dijo. La separación ha sido tan dolorosa que considera retirar los adornos navideños antes del 25 de diciembre. “Un amigo me llamó temprano y solo me dijo: ‘se los llevaron’”.
La familia llevaba 25 años viviendo de forma irregular en el país y tiene además dos hijos ciudadanos estadounidenses, que temen que la detención del padre derive también en el arresto de su madre. “Es un dolor muy grande”, confesó.
Al borde de la autodeportación
La incertidumbre también golpea a Ana Moran, inmigrante venezolana de 29 años, quien teme que su esposo sea entregado a ICE y deportado en cualquier momento. Él permanece detenido desde agosto en la cárcel del condado de Pima, acusado —según ella— sin pruebas de un robo ocurrido durante una entrega de comida.
“No entiendo cómo dicen que cometió ese delito; yo siempre iba con él y una entrega dura solo unos minutos”, explicó Moran. “Será la primera Navidad de mis hijos sin su padre. Es muy triste”.
La pareja llegó a Estados Unidos hace dos años y medio tras ingresar por la garita de Nogales, en Arizona, luego de solicitar una cita de asilo mediante la aplicación CBP One, implementada durante la administración del expresidente Joe Biden. Ya en el país, el esposo trabajaba en construcción y ambos realizaban repartos por las tardes.
La detención lo colocó en el radar de ICE, en un contexto de mayor cooperación entre departamentos policiales locales y la agencia federal. “Aunque lo liberen, me dicen que lo más probable es que lo entreguen a inmigración”, señaló Moran, hoy el único sustento del hogar. No sabe cómo explicar a sus hijos, de nueve y siete años, por qué su padre no estará con ellos en Navidad.
“Mi permiso de trabajo y mi solicitud de asilo están en trámite, pero hemos visto casos donde eso no importa: te detienen y te llevan. Tengo miedo de que mis hijos se queden solos”, afirmó. Moran fue hospitalizada recientemente tras sufrir un ataque de pánico.
“Cuando salgo a la calle le pido a Dios: ‘hazme invisible, hazme invisible’, para poder volver con mis hijos”, contó.
La familia debe comparecer por primera vez ante una corte migratoria en mayo, pero Moran teme que los problemas legales de su esposo perjudiquen su caso. A ello se suma la falta de relaciones consulares con Venezuela. “No tenemos consulado donde pedir ayuda; si nos deportan, ni siquiera sabemos a qué país nos enviarían”, explicó.
Por ahora, dice, solo le queda abrazar a sus hijos esta Navidad y mantener la esperanza de volver a estar juntos como familia, incluso si eso implica rehacer su vida fuera de Estados Unidos.
