En varios estados conservadores, los aspirantes demócratas abandonaron sus campañas para evitar dividir el voto contra los republicanos. La estrategia ofrece una nueva ruta, pero no garantiza una mayoría demócrata.
Por Alex Fermin | Noticias.news
WASHINGTON — El Partido Demócrata está poniendo a prueba una estrategia poco convencional para ampliar sus posibilidades de recuperar el control del Senado: retirar a sus propios candidatos en varios estados profundamente republicanos y dejar el camino libre a aspirantes independientes.
La maniobra se desarrolla en Nebraska, Idaho y Dakota del Sur, donde los candidatos que habían ganado las primarias demócratas abandonaron posteriormente la contienda electoral.
El objetivo es evitar que los votos contrarios al Partido Republicano se dividan entre un demócrata y un independiente, lo que facilitaría la reelección de los senadores republicanos.
Los estrategas demócratas consideran que un candidato sin afiliación partidista puede atraer a moderados, conservadores descontentos y electores que nunca votarían por alguien identificado formalmente con el Partido Demócrata.
Sin embargo, los independientes involucrados insisten en que no son representantes ocultos de los demócratas y no han prometido apoyar automáticamente al partido en Washington.
Nebraska se convierte en la principal prueba
La estrategia tiene su ejemplo más importante en Nebraska, donde el independiente Dan Osborn intenta derrotar al senador republicano Pete Ricketts.
Osborn es mecánico industrial, veterano de la Marina y antiguo dirigente sindical. En 2024 desafió a la senadora republicana Deb Fischer y perdió por aproximadamente siete puntos, un margen considerablemente menor que la ventaja obtenida por Donald Trump en ese estado.
Su desempeño convenció a dirigentes y donantes demócratas de que un candidato independiente con un mensaje dirigido a la clase trabajadora podría competir en lugares donde la marca del partido tiene poco apoyo.
Cindy Burbank, quien ganó la primaria demócrata de Nebraska en mayo con cerca del 90 % de los votos, retiró su candidatura en julio. Reconoció que no tenía una ruta realista para llegar al Senado y su salida permitió que Osborn enfrentara a Ricketts sin un candidato demócrata importante que dividiera el voto opositor.
Encuestas difundidas durante la campaña han mostrado una contienda competitiva entre Ricketts y Osborn, aunque Nebraska continúa siendo un estado favorable a los republicanos.
Osborn ha dicho que no formará parte de ninguno de los dos grandes partidos y ha planteado la posibilidad de organizar un grupo de senadores independientes.
Idaho y Dakota del Sur siguen el modelo
Los candidatos demócratas también abandonaron sus respectivas elecciones al Senado en Idaho y Dakota del Sur, despejando el camino para aspirantes independientes.
Entre ellos se encuentran Todd Achilles en Idaho y Brian Bengs en Dakota del Sur. Ambos intentan presentarse ante los votantes como alternativas a la polarización entre republicanos y demócratas.
La idea consiste en construir coaliciones de electores moderados, independientes y demócratas que, por separado, no tendrían suficientes votos para derrotar a un republicano.
Associated Press informó que organizaciones vinculadas con los demócratas han ofrecido discretamente asistencia logística y acceso a herramientas de recaudación, aunque evitan convertir las campañas independientes en extensiones oficiales del partido.
En Montana, la candidata demócrata Alani Bankhead decidió permanecer en la contienda, pese a llamados para despejar el camino al independiente Seth Bodnar. La situación demuestra que la estrategia no cuenta con aceptación uniforme dentro del partido.
Los demócratas necesitan cuatro escaños
Los republicanos controlan actualmente el Senado con 53 escaños, frente a 47 votos del bloque demócrata, cifra que incluye a dos independientes que colaboran con el partido.
Para obtener una mayoría clara, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños en las elecciones del 3 de noviembre.
El reto es considerable porque deben proteger sus propios puestos competitivos, incluidos los de Georgia y Michigan, mientras intentan derrotar a republicanos en estados como Maine, Carolina del Norte, Iowa, Ohio, Texas y Alaska.
Un total de 35 escaños estará en juego, incluidos comicios especiales. De ellos, 23 están actualmente en manos republicanas, según el panorama electoral recopilado por Ballotpedia.
La presencia de independientes competitivos en estados normalmente excluidos del mapa podría obligar a los republicanos a gastar dinero y recursos defensivos que, de otro modo, utilizarían en las contiendas más disputadas.
Ganar como independiente no equivale a un escaño demócrata
La estrategia tiene una limitación fundamental: una victoria independiente no garantiza que el nuevo senador se una al bloque demócrata.
En el Senado, los legisladores independientes pueden decidir con qué partido colaborar para organizar la cámara, repartir las presidencias de los comités y establecer la agenda legislativa.
Osborn ha rechazado comprometerse con cualquiera de las dos bancadas. Por esa razón, aunque su victoria debilitaría directamente la mayoría republicana, no necesariamente entregaría otro voto permanente a los demócratas.
Si ninguno de los partidos obtiene 51 senadores claramente alineados, uno o más independientes podrían adquirir una influencia decisiva para escoger al líder de la mayoría y negociar el funcionamiento del Senado.
Los republicanos califican la estrategia como un intento de ocultar candidatos demócratas detrás de una etiqueta independiente. Los aspirantes involucrados responden que sus campañas no están controladas por Washington y que tomarán decisiones de acuerdo con los intereses de sus estados.
Una estrategia con beneficios y riesgos
Para los demócratas, retirar candidatos puede aumentar las posibilidades de derrotar a republicanos en estados difíciles durante una elección particular.
No obstante, críticos dentro del partido advierten que la decisión podría debilitar su organización local, reducir la participación de sus votantes y dificultar la formación de nuevos líderes para futuras elecciones.
También existe el riesgo de que los independientes ganen y luego voten con los republicanos en asuntos importantes.
Los defensores de la estrategia sostienen que competir de la manera tradicional en estados que favorecen ampliamente al Partido Republicano produciría derrotas previsibles. Respaldar indirectamente a candidatos moderados, argumentan, permite ampliar el mapa y aprovechar el descontento con los dos grandes partidos.
La maniobra no constituye por sí sola una ruta segura hacia la mayoría. Sin embargo, si las elecciones terminan muy cerradas, una inesperada victoria independiente en Nebraska, Idaho o Dakota del Sur podría alterar el equilibrio de poder y convertir a esos senadores en figuras decisivas para determinar quién controlará la Cámara Alta.
