El empleo permanece relativamente estable, pero el aumento de la gasolina, la vivienda y otros gastos esenciales está deteriorando la confianza de los consumidores.
Por Alex Fermin | Noticias.news
WASHINGTON — Los principales indicadores muestran que la economía de Estados Unidos continúa generando empleos y mantiene una tasa de desempleo relativamente baja. Sin embargo, esa estabilidad no coincide con la experiencia cotidiana de muchos ciudadanos, quienes aseguran que sus ingresos pierden terreno frente al costo de vida.
La diferencia entre las estadísticas nacionales y lo que las familias sienten al pagar sus cuentas se ha convertido en uno de los principales temas políticos de cara a las elecciones de medio término de 2026.
La confianza de los consumidores cayó notablemente durante septiembre. El índice preliminar de la Universidad de Michigan descendió a 47,8 puntos, frente a 51,7 en agosto y 55,1 en septiembre de 2025. Esto representa una reducción mensual de 7,5% y una caída anual de 13,2%.
El componente que mide las expectativas económicas futuras bajó todavía más, hasta 45,8 puntos. El informe señala que se deterioraron las expectativas sobre las finanzas personales y las condiciones comerciales. La caída se produjo tanto entre demócratas como entre republicanos, mientras que las opiniones de los independientes registraron pocos cambios. Universidad de Michigan
La inflación disminuyó, pero los precios no regresaron al pasado
Una de las principales fuentes de frustración es la confusión entre una reducción de la inflación y una reducción general de los precios.
Cuando la inflación baja, los productos y servicios no necesariamente se vuelven más baratos; simplemente aumentan a un ritmo más lento. Por esa razón, las familias continúan comparando lo que pagan actualmente con los precios considerablemente menores de años anteriores.
En agosto, el Índice de Precios al Consumidor aumentó 0,4% y acumuló un incremento anual de 3,4%. La energía subió 16,3% durante los últimos 12 meses, impulsada principalmente por un aumento de 27,4% en la gasolina.
Los alimentos registraron un incremento anual de 2,7%, mientras que el costo de la vivienda avanzó 3%. Comer fuera del hogar se encareció 3,4%, según la Oficina de Estadísticas Laborales.
Estos porcentajes explican por qué el malestar económico puede mantenerse incluso cuando algunos indicadores parecen moderados. La gasolina, la comida y la vivienda son gastos frecuentes y visibles que influyen directamente en la percepción de las familias.
Los salarios no logran producir una sensación de progreso
El salario promedio por hora del sector privado subió 3,1% durante los 12 meses terminados en agosto. En ese mismo periodo, los precios al consumidor aumentaron 3,4%.
Aunque estas medidas no son completamente equivalentes, la comparación sugiere que el crecimiento salarial promedio no fue suficiente para superar la inflación general durante ese periodo. Para muchos trabajadores, recibir un aumento no representa una mejora real si el alquiler, el combustible y los alimentos crecen a un ritmo igual o superior.
La situación puede ser aún más difícil para jubilados, trabajadores con ingresos fijos, familias monoparentales y pequeños empresarios que no pueden trasladar todos sus costos a los clientes.
Hay trabajo, pero también inseguridad
El mercado laboral continúa mostrando resistencia. Estados Unidos agregó 162.000 empleos en agosto y la tasa nacional de desempleo permaneció en 4,1%. Los restaurantes, los centros de bebidas y la educación pública local encabezaron parte del crecimiento.
No obstante, las cifras también muestran señales de fragilidad. Unos 7 millones de estadounidenses estaban desempleados, 1,9 millones llevaban 27 semanas o más buscando trabajo y 5,7 millones se encontraban fuera de la fuerza laboral a pesar de querer un empleo.
Además, 4,4 millones trabajaban a tiempo parcial por razones económicas, aunque preferían una ocupación de jornada completa. Oficina de Estadísticas Laborales
El desempleo entre los trabajadores hispanos se situó en 4,8%, por encima del promedio nacional. Esto significa que la experiencia económica de la comunidad latina puede ser diferente de la presentada por las cifras generales.
El temor está concentrado en el futuro
Los consumidores no solamente están preocupados por sus gastos actuales. También anticipan que la situación podría empeorar.
Las expectativas de inflación para los próximos 12 meses subieron de 4% en agosto a 4,6% en septiembre, de acuerdo con la encuesta de la Universidad de Michigan. El repunte de los combustibles y las tensiones comerciales contribuyó al deterioro de las expectativas.
El precio del petróleo y los acontecimientos internacionales también generan incertidumbre. Un aumento prolongado de los costos energéticos puede trasladarse al transporte, la producción de alimentos, los boletos de avión y prácticamente todos los bienes que deben movilizarse.
A ello se suma la posibilidad de tasas de interés elevadas. Los intereses más altos encarecen las tarjetas de crédito, los préstamos para vehículos, las hipotecas y el financiamiento de los pequeños negocios.
La economía no se vive mediante promedios
Los indicadores económicos nacionales son importantes, pero no describen completamente la situación de cada hogar. Una familia con vivienda propia y una hipoteca de bajo interés puede sentirse relativamente estable, mientras otra que busca alquilar, comprar una casa o financiar un automóvil enfrenta una realidad considerablemente más difícil.
Las personas con inversiones también pueden beneficiarse de avances en los mercados financieros que no llegan de la misma manera a quienes dependen exclusivamente de un salario.
Por eso pueden coexistir dos realidades: una economía que continúa creando puestos de trabajo y millones de familias que no sienten prosperidad.
El bolsillo marcará las elecciones
La percepción económica tendrá un peso decisivo en las elecciones de noviembre. Los votantes evaluarán al Gobierno y al Congreso tomando como referencia la factura del supermercado, el precio de la gasolina, el alquiler y el saldo de sus tarjetas de crédito.
Republicanos y demócratas ofrecerán interpretaciones diferentes sobre los responsables de la situación. Sin embargo, para los ciudadanos, la evaluación será mucho más sencilla: si después de pagar los gastos esenciales queda menos dinero que antes, cualquier mensaje sobre una economía fuerte tendrá dificultades para convencerlos.
La realidad que muestran las encuestas es clara: Estados Unidos no se encuentra necesariamente ante un colapso laboral, pero sí atraviesa una profunda crisis de confianza. El país sigue trabajando, produciendo y contratando, mientras una parte importante de la población siente que corre más rápido simplemente para permanecer en el mismo lugar.
