Los Ángeles (EE.UU.), 18 dic . — Sydney Sweeney y Amanda Seyfried protagonizan The Housemaid, un thriller psicológico que aborda la violencia doméstica desde una perspectiva poco convencional, donde las fronteras entre víctima y victimaria se difuminan. “Fue muy catártico perder la cabeza”, confesó Seyfried en entrevista con los medios
Dirigida por Paul Feig y estrenada este viernes en salas, la película sigue a Millie Calloway (Sweeney), una joven asfixiada por las deudas que acepta trabajar como empleada doméstica interna en la imponente y enigmática mansión de los Winchester. Allí es contratada por Nina (Seyfried), una mujer rica y aparentemente inestable, con quien establece una relación tan inquietante como impredecible.
Con apenas una mochila, un coche viejo y ninguna alternativa, Millie se instala en una habitación aislada en lo más alto de la casa: sin ventilación ni cerradura. Desde el inicio, ese espacio funciona como un símbolo de encierro y presagia una atmósfera cargada de sospecha.
“Lo fascinante de estos personajes es que parecen completos, perfectos por fuera. Pero cuando empiezas a quitar capas, aparece algo totalmente distinto”, explicó Sweeney. “Es muy divertido interpretar a personajes que no son lo que parecen”.
Basada en la novela homónima de Freida McFadden, The Housemaid combina el suspenso psicológico con comedia negra y tensiones románticas. El elenco se completa con Brandon Sklenar como Andrew Winchester, el esposo ideal en apariencia, cuya participación resulta tan seductora como ambigua.
La relación entre Millie y Nina se construye sobre un juego de poder cambiante, atravesado por la manipulación y la violencia doméstica, que no se limita al matrimonio, sino que se proyecta también sobre la empleada, atrapada en una red de control.
Para Seyfried, dar vida a Nina supuso recorrer un amplio registro emocional y encarnar a una mujer marcada por la ira, los celos y la envidia. “La venganza impulsa a mi personaje, no como algo pasajero, sino como una fuerza que la empuja a derribar a otros de una forma fea, pero necesaria”, señaló.
En pantalla, Nina estalla en ataques de furia mientras Millie observa aterrada, sin margen de maniobra debido a su fragilidad económica y a un pasado oscuro. “Fue muy adictivo interpretar un personaje así”, afirmó la actriz de Mamma Mia!.
Sweeney, por su parte, reconoció que resultó difícil mantener la compostura durante el rodaje. “Era increíble verla sumergirse cada vez más en la locura, y yo no podía reírme”, comentó.
Uno de los mayores retos para Seyfried fue convertirse en “los ojos del público” en una historia plagada de giros, sin anticiparse a los acontecimientos. A ello se suma la empatía que considera esencial para cualquier interpretación: “Puedes no estar de acuerdo con las decisiones de tus personajes, pero siempre debes comprenderlos”.
A lo largo del filme, Nina y Millie intercambian roles de víctima y victimaria, sorprendiendo al espectador con revelaciones constantes que incluso dejan abierta la puerta a una posible secuela. “Soy una gran fan de los libros y, si el público quiere ver más, a mí me encantaría”, dijo Sweeney.
Lejos de los clichés sobre las relaciones femeninas, The Housemaid propone un retrato lleno de matices y subraya que el abuso no siempre responde a patrones evidentes. “No creo que se trate solo de venganza”, concluyó Sweeney. “Todos los personajes están, en el fondo, en modo supervivencia”.
