jueves, septiembre 10, 2026
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Venezuela puede aportar más crudo, pero no resolverá de inmediato el problema de gasolina en Estados Unido

Por Alex Fermin | Noticias.news

WASHINGTON — Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y está aumentando sus envíos hacia Estados Unidos. Sin embargo, el crudo venezolano difícilmente podrá resolver, en el corto plazo, el problema más urgente del mercado energético estadounidense: la limitada capacidad para transformar petróleo en gasolina, diésel y combustible para aviones.

La diferencia es fundamental. Estados Unidos no enfrenta únicamente un problema de disponibilidad de petróleo crudo, sino también un cuello de botella en sus refinerías, que ya operan cerca de su capacidad máxima.

De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, la utilización de las refinerías alcanzó el 97,4 % durante la semana que terminó el 21 de agosto, su nivel más alto en casi ocho años. Las plantas procesaron aproximadamente 17,4 millones de barriles diarios.

En esas condiciones, importar más petróleo venezolano puede sustituir cargamentos procedentes de otros países y reducir algunos costos, pero no permite producir automáticamente más gasolina o diésel. Para lograrlo sería necesario ampliar, modernizar o construir refinerías, un proceso costoso que normalmente requiere varios años.

El valor estratégico del petróleo venezolano

El crudo venezolano continúa siendo atractivo para Estados Unidos debido a sus características. Gran parte de la producción del país sudamericano está compuesta por petróleo pesado y extrapesado, precisamente el tipo de materia prima que numerosas refinerías de Texas y Luisiana fueron diseñadas para procesar.

Esta compatibilidad representa una ventaja frente al petróleo ligero producido en muchas zonas estadounidenses. Las refinerías del Golfo de México cuentan con instalaciones especializadas para convertir el crudo pesado en gasolina, diésel, combustible para aviones y otros productos de alto valor comercial.

Actualmente, Venezuela produce alrededor de 1,25 millones de barriles diarios y más de 500.000 barriles estarían siendo enviados cada día a Estados Unidos, según declaraciones del subsecretario estadounidense de Energía, Kyle Haustveit, recogidas por Reuters.

Las importaciones estadounidenses de crudo venezolano promediaron aproximadamente 637.000 barriles diarios durante las cuatro semanas que finalizaron el 21 de agosto. Esto convirtió a Venezuela en el segundo mayor proveedor de petróleo de Estados Unidos durante ese periodo, detrás de Canadá.

Una crisis de productos refinados

El problema inmediato se encuentra en la oferta de combustibles terminados. Las interrupciones en Oriente Medio, los riesgos para la navegación por el estrecho de Ormuz y la reducción de las operaciones en importantes refinerías internacionales han limitado el suministro global de gasolina, diésel y combustible de aviación.

El estrecho de Ormuz es una ruta especialmente sensible porque por allí circula cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Los recientes ataques contra dos buques que transportaban crudo saudí aumentaron nuevamente la preocupación por la seguridad del comercio energético internacional, según Reuters.

Las refinerías de Oriente Medio procesan actualmente cerca de 7,3 millones de barriles diarios, frente a aproximadamente 9,9 millones antes del conflicto regional, según datos de Kpler citados por medios especializados. La recuperación completa podría no producirse hasta el segundo trimestre de 2027.

Esta reducción significa que el mercado mundial está perdiendo productos ya procesados. Venezuela puede enviar petróleo crudo, pero no dispone en este momento de suficiente capacidad operativa para reemplazar rápidamente el volumen de gasolina y diésel que ha dejado de producirse en otras regiones.

Aumentar la producción tomará tiempo

Venezuela también enfrenta sus propias limitaciones. Décadas de falta de inversión, deterioro de instalaciones, pérdida de personal especializado y problemas administrativos han reducido considerablemente la capacidad de su industria petrolera.

Aunque se han anunciado acuerdos para elevar la producción venezolana hasta 1,5 millones de barriles diarios, desarrollar nuevos pozos, reparar oleoductos y terminales, obtener diluyentes para movilizar el crudo extrapesado y asegurar suficientes buques requiere grandes inversiones.

Además, especialistas y abogados han planteado dudas sobre la ejecución, transparencia y seguridad jurídica de los nuevos acuerdos entre Washington y Caracas. Estas interrogantes podrían retrasar la entrada de capital privado necesario para recuperar los campos petroleros, según otro análisis de Reuters.

Una solución estratégica, no inmediata

A largo plazo, una industria venezolana recuperada podría fortalecer la seguridad energética de Estados Unidos, reducir su dependencia de proveedores más lejanos y garantizar crudo pesado para las refinerías del Golfo.

Pero sus efectos sobre los precios que pagan los consumidores no serán inmediatos. El petróleo venezolano puede mejorar la disponibilidad de materia prima y los márgenes de las refinerías, pero no elimina el límite físico de cuánto combustible pueden producir las plantas existentes.

Por esa razón, Venezuela podría convertirse en una pieza importante de la estrategia energética estadounidense durante los próximos años, aunque difícilmente será la respuesta rápida que necesitan actualmente los conductores ante el aumento de los precios de la gasolina y el diésel.

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